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Cuando un granito es un GranHito


Por Juan carr (Fundador de la Red Solidaria)

n el verano del 2012, volvía de alguna de las tantas noches agitadas por un vendaval solidario.
En un cartel callejero, una palabra pequeña me golpeó el corazón. Granito. Recordaba una mesada, una playa, un puñado de sal gruesa. Y comenzando a jugar con los sentidos, pensé en el valor monumental de los granitos solidarios, que se transforman en granhitos, es decir, en grandes hitos para un barrio o una persona, en otras palabras, en cambios sociales para la humanidad.
Luchar por una especie amenazada, donar órganos, generar nuevas áreas protegidas, abrazar con fuerza a un amigo, preocuparse en una esquina por lo que le pasa al prójimo, visitar a un enfermo, donar sangre, recuperar los nombres de más de cien caídos en la guerra de Malvinas, impulsar la construcción de viviendas para barrios humildes, integrar artistas de nuestras villas con otros músicos para derribar los muros de nuestra sociedad, juntar envases plásticos para canjearlos por hectáreas de monte, asociarse a una ONG o visitar hogares de ancianos, son causas justas, no favores, que debemos entender como una parte inherente de nuestra cultura.
Gratamente me sorprendo con la cultura solidaria latente en nuestra sociedad argentina. Nos vivimos tildando de individualistas, pero cuando aparece una necesidad, veo galopando a lo lejos una caballada de corazones latiendo.
De esto charlamos con Azul García Uriburu, con Andrés Bosso y con María, mi mujer, en un al- muerzo prolongado. Y en la sobremesa quizás haya nacido esta bocanada gráfica, este espejo local con reflejos regionales, este mosaico de conservación de la naturaleza y cultura, este enjambre de especies amenazadas, buen trato animal, producción a conciencia, reciclado, áreas protegidas, cultura solidaria.
Ya lo dijo Atahualpa, “La arena es un puñadito, pero hay montañas de arena...”. Que disfruten de este puñadito y sobre todo, de los brillos que a partir de hoy comienza a reflejar